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Historia & Cultura

Internarse en la Hacienda Los Lingues® es como retroceder en el tiempo. Se trata no sólo de una casona típica del campo chileno, sino de un testimonio vivo de lo que fue la época de la Colonia. Todo se mantiene como entonces: las construcciones son de barro y paja; las paredes se pintan de rojo colonial y cada remodelación se hace de la mano de historiadores para conservar la arquitectura original.

Los árboles adornan los patios y parques. Entre boldos, quillayes, espinos, eucaliptos, lingues® y encinas crecen las aves típicas de la zona, tales como patos, codornices, torcazas, zorros, chillas, etc.

Los orígenes de la Hacienda se remontan a fines del siglo XVI. En esa época se radicó en el Valle de Santiago, Don Melchor Jufré del Águila, hidalgo extremeño, hijo de un caballero de la Orden Militar de Santiago, quien desempeñó el cargo de Alcalde de la capital en 1599. Como escritor y cronista de éxito, ganó prestigio en la sociedad santiaguina y fue agraciado por el Rey de España con la Estancia de la Angostura, situada en el Valle Central.

La que después se llamará “Hacienda Los Lingues®”, es heredada años más tarde por su hija Doña Ana María del Águila, esposa del Gobernador de Chile, Don Diego González Montero (1662-1670). Ambos son antepasados del prócer de la independencia de Chile, Don José Gregorio Argomedo y Montero del Águila, que nació ahí en 1767. Desde entonces Los Lingues ha pertenecido ininterrumpidamente a sus descendientes, generación tras generación. De esta manera ha logrado permanecer más de cuatro siglos en la misma familia.

El actual propietario de Los Lingues®, el señor Germán Claro Lira, ha restaurado las antiguas casas de la Hacienda, tanto en su arquitectura exterior como en la decoración interior, presentándolas como eran en la época de su primitiva construcción. En esta tarea, ha sido asesorado por arquitectos e historiadores que lo han guiado en su propósito, respetando las características que tenían las casas rurales del valle central en el período colonial hispánico, y a la vez, siendo fieles a las transformaciones que experimentaron a raíz de la Independencia.
Se ha logrado así, exhibir un testimonio vivo del pasado, que permite en el presente conocer mejor la realidad histórica de lo que fue una típica propiedad agrícola chilena.

Sus casas patronales, por ejemplo, fueron construidas entre los años 1690 y 1700 por la familia Argomedo. La casona depara una sucesión de sorpresas. Algunas puertas fueron fabricadas por los célebres "Jesuitas Bávaros de Calera de Tango", de los cuales se conservan obras en el Palacio de la Moneda y la Catedral de Santiago.

El sótano, con gruesos muros de "cal y canto" -el mismo material que sirvió para el legendario puente sobre el río Mapocho-, está transformado en enormes comedores de invierno, capaces de albergar a centenares de comensales.

Las casas patronales ocupan una superficie superior a los cinco mil metros cuadrados. Gran parte de sus alhajas aún se conservan: adornos, vajilla fina de plata, cristalerías, mesas de juego, lámparas. Cada objeto tiene su historia: algunos pertenecieron a personajes ilustres de la vida chilena como Mateo de Toro y Zambrano, Conde de la Conquista, quien presidió la Primera Junta de Gobierno; hay recuerdos de Gaspar Marín; José Gregorio Argomedo; Ramón Freire y José Victorino Lastarria, entre otros. Se destaca un Cristo Florentino del siglo XVII, hecho en marfil con 72 cm. de alto, el cual perteneció al Papa Pío IX, que hoy se encuentra en la Capilla de la Hacienda.